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Miércoles, 01 de marzo de 2006
En las últimas 48 horas he dormido apenas 5. Que grande es esto del Carnaval. Ahora estoy petado de cansanció, con resaca, pero he pasado unos días de fiesta desenfrenada, de risas, de juerga canalla y en definitiva, de farra alcohólica con mis colegas. Fotos y videos para avergonzarse de las fechorías perpetradas hay para parar un tren.
Escuchando "Master of the Wind" de Manowar.
El carnaval en Vilanova no es muy espectacular. Tampoco es muy multitudinario (excepto el domingo con las comparsas). El espiritu no es como el de Tenerife o Sitges, que pretenden emular los carnavales brasileños en cuanto a baile, disfraces y espectacularidad. Aquí son más bien carnavales de la sàtira, de reirse por unos días de uno mismo y de esos personajillos y hechos que te producen indiferéncia a lo largo del año. Meterse con el ayuntamiento y los personajes públicos de la ciudad, porner todo el mundo a parir, disfrazarse y pillarla por la calle, cantar a grito pelado, porque es carnaval, y todo vale.
El domingo después de las comparsas, medio bolinga y después de haber comido, me senté en el balcón de casa de Noelia mientras me fumaba un pitillo. Dentro de casa, se estaba desarrollando una partida soporífera de Monopoly. Desde allí contemplaba toda la estación, y veía como pasaban los trenes. Un Euromed en dirección a Barcelona, otro dirección Tarragona... La mayoría de gente que viajaba en esos trenes seguro que no sabrá nunca que fiesta se celebraba ese día en mi pueblo. No sabrà como después de lanzar varios kilos de caramelos, de haber recibido varios caramelazos en la cara, de estar rebentado de saltar por la calles, de estar medio alcoholizado, afónico de haber cantado a grito pelado eso de: "Alcohol, acohol, acohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos...", en mitad de la plaza del ayuntamiento sentí una genuina felicidad. Y senti esa felicidad porque había mil personas más en esa plaza que estaban igual que yo... cantando y riendo y bailando abrazados. Nada importaba más en ese momento que el buen rollo entre la gente y la amistad. Y lo que és mejor, a las puertas de la plaza había mil personas más deseando entrar para repetir lo ocurrido y poder, a su vez, sentirse igual que yo.
Es un sentimiento indescriptible, por eso hay que probarlo. Y por eso os digo a todos, que el año que viene teneis que salir vosotros tambien, porque si ese día ya me diverti y me desgañité, si hubiera estado todo el grupo conmigo, os digo que me habría emocionado de verdad. Teneis que probarlo, en serio, esto es una droga sana.
Bueno, cuidaos mucho y hasta el próximo post.
Por: Casimir Casas Quesada | General | Comentarios (0) | Referencias (0)